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El evangelio de cada día con un breve comentario, en formato de audio, realizado por el Padre Rodrigo Aguilar, Diócesis de San Miguel, Buenos Aires, Argentina. www.algodelevangelio.org Cualquier testimonio o consulta escribir a algodelevangelio@gmail.com

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Algo del Evangelio

https://youtu.be/x11Z3GQLHXQ?si=3cruecfZkvVHjEyX

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Comentario a Mateo 6, 1-6. 16-18:

El corazón de Algo del evangelio de hoy creo que anda por acá: “…tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. ¡Qué alivio! Ahí está la clave. ¡Ve en lo secreto! Dios es Padre y ve todo, ve en lo secreto, ve lo que nadie ve, tu corazón y el mío. Quiere decir que el peligro está en olvidarnos de esto que es esencial. De olvidarnos de esto. De olvidarnos de quién es el único que conoce el motivo y la motivación de nuestras acciones. Aun cuando podemos rezar, dar toda nuestra vida a los pobres, como dice san Pablo. Aun cuando podemos privarnos de algo como sacrificio. Aun cuando podemos tener una fe que mueva montañas si no tenemos amor, si no lo hacemos por un amor verdadero y lo más puro posible, de nada sirve. Nada soy. Soy como una campana que suena en el vacío. Eso también lo dice san Pablo. ¡Tenemos que tener cuidado! ¿De qué entonces? Tengamos cuidado de no ser hijos vanidosos, sería hoy la advertencia, o sea, que ponemos nuestra satisfacción en que finalmente nos vean, nos aplaudan, nos reconozcan, nos tengan en cuenta, nos palmeen la espalda y nos digan: “Che, qué bueno esto que hiciste, qué bueno que sos. Gracias”. Un hijo de Dios, en serio, que busca la satisfacción de su Padre y no la de los demás, no busca que sus hermanos lo aplaudan o vean qué buen hermano es, qué buen hijo es. El buen hijo de Dios, en realidad, se alegra finalmente en el silencio de su noche, en el silencio de su oración. En el silencio de su conciencia, se alegra y se conforma. Se reconforta con saber que su Padre lo ve y lo sabe todo, que ve en lo secreto. Y esa es la recompensa. No cosas materiales, ni dones directamente, sino la única satisfacción de saber que el Padre lo ve todo.

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https://youtu.be/6KHepY9QwNQ?si=qNgvovBKdNfxrnas

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Comentario a Mateo 5, 43-48:

Cuando se sube una montaña se experimentan muchas sensaciones. Cuando se empieza a escuchar la Palabra de Dios también. Ya lo habrás vivido alguna vez. Lo estarás viviendo ahora, encontrándote con textos nuevos que nunca habías escuchado. Te estará pasando con este Sermón de la montaña. Los comienzos siempre, en general, para todo lo que emprendemos, son para entusiasmarse. Siempre es lindo empezar algo. Siempre es lindo emprender un viaje nuevo, una ruta nueva. Por eso, cuando se empieza a subir, a trepar la montaña, se empieza generalmente con ganas, entusiasmado, mirando la cumbre, deseando llegar ahí. Mirando el lugar donde queremos llegar, mirando la meta. Con las palabras de Dios nos puede pasar lo mismo, con la misma palabra. Al mismo tiempo, la cumbre atrae, nos dan ganas de estar ahí rápido. Nos da ansiedad. Anima a levantar la cabeza y a poner todas las fuerzas en cada paso que damos. Imaginemos eso. Imaginemos eso mismo, pero siendo que Jesús es la cumbre, él nos espera en la cumbre. Siendo siempre él la meta, el camino, la verdad y la vida. Él está en la cumbre, esperándonos para hablarnos al corazón, explicarnos las palabras inspiradas por el mismo Espíritu Santo. Él está en la cumbre diciéndonos este sermón desde la montaña para darnos vida, para llenarnos de vida.
Pidámosle al Espíritu Santo que nos llene de deseos de subir, de animarnos a escuchar y de no asustarnos con palabras que parecen, a veces, imposibles de vivir. Pidámosle que nos ayude a levantarnos si nos cansamos. Que nos ayude a tomar el descanso necesario cuando necesitamos tomar aire.
Como decíamos ayer, no se puede ver bien las cosas sin subir, sin verlas de arriba. O no se puede ver distinto, digamos. Lo mismo que no se puede comprender la Palabra sin hacer un esfuerzo para salir de uno mismo, sin ver de otro modo las cosas que estamos acostumbrados a verlas de una manera distinta. Mucho menos las palabras de Algo del evangelio hoy, que parecen cada vez más difíciles e imposibles para nuestra pobre mente y nuestro corazón mezquino, que no termina de comprender a Dios como Padre de todos, de buenos y malos. Como Padre que no hace distinción y hace llover sobre todos, sobre justos e injustos y hace salir el sol, como decía, sobre buenos y malos.

En la vida todos hemos oído muchas cosas. Por ahí en la vida te enseñaron muchas cosas sobre lo que es amar. Por ahí en la vida fuiste adquiriendo muchas formas distintas de amar, según lo que te enseñaron. Algunas muy buenas, por supuesto, y otras, hay que reconocer que no tanto.

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https://youtu.be/3yzoPpdgvSE?si=Jk8-sNAzsHDIE_vk

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Comentario a Mateo 5, 38-42:

Hay que animarse a subir una montaña. No es fácil, pero es lindo subir una montaña. Seguro que alguna vez lo hiciste en algún campamento, como hablamos alguna vez, de chico, o ahora. Por ahí te hicieron subir una montaña que te parecía inmensa y tuviste esa experiencia cansadora, pero gratificante al mismo tiempo. Es inevitable, para llegar arriba hay que esforzarse y después, del esfuerzo, viene el gozo y la satisfacción. Es la propuesta para que sigamos estas semanas junto a Jesús, simbólicamente, subiendo a la montaña. Subir para estar con él y poder escucharlo, porque ahí arriba todo se escucha mucho mejor, para recibir en el corazón la ley del Reino de los hijos de Dios, la nueva ley del Reino de Dios, la que ya no quedó grabada en piedras, en tablas de piedras como la ley de Moisés, sino que quedó grabada en los corazones de los discípulos y desde ese día fue transmitiéndose de corazón a corazón, hasta nuestros días. El sermón de la montaña empezaba con las bienaventuranzas ¿te acordás? Era como el prólogo, su comienzo, su introducción.
En este comienzo de semana, en este lunes, te propongo hacer juntos el camino espiritual de ir subiendo, intentar que las palabras de Jesús nos vayan atrayendo tanto, que tengamos ganas de subir interiormente para elevarnos espiritualmente. Apartate un poco, escuchá la palabra de Dios en silencio. Por ahí con tu mujer, con tu marido, con tus hijos, pero en silencio. No hay otro camino para ver las cosas diferentes, para ver el paisaje desde otro panorama, que subir. Solo desde arriba se puede disfrutar la vista de una manera única e irrepetible. Lo mismo pasa con las palabras del Sermón de la montaña, lo mismo pasa con la nueva Ley de los hijos de Dios. Solo el que sube, el que se deja elevar las comprende y asimila. Solo el que se pone en camino para subir, para salir de uno mismo, de la comodidad de sus pensamientos y sentimientos, puede aceptar que Jesús venga a decirnos: “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo…”. “Yo les digo”. Él nos dice. Solo él puede darle el sentido pleno a la ley grabada en piedras frías y sin vida que no se podían cumplir sin la gracia de Dios. Solo él puede grabar la ley del amor verdadero en corazones con vida propia.
Vamos a subir juntos esta semana, como te digo. Vamos a escuchar la Ley de los hijos de Dios que tiene que ser “superior” dice, “mejor”, “superadora” en comparación a la de los escribas y fariseos; mucho mejor a la de los que creen que por cumplir están salvados. Como muchos de nosotros que están con la conciencia tranquila o están creyendo que agradan a Dios así. Un hijo quiere más. Un hijo que ama no calcula. Un hijo se entrega de corazón entero.

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https://youtu.be/Cqk-CGip6kQ?si=FaSJ233Uit7iAbNH

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Comentario a Mateo 9, 36-10,8:
 
Buen día, buen domingo, buen día del Señor. El domingo es el día del Señor, en el que nos deberíamos dar cuenta que no hay nada más importante que él. Que él se merece toda nuestra atención, todo nuestro corazón, todo nuestro espíritu, porque él es el que nos ha dado la vida, él es que nos ha dado todo gratuitamente para que nosotros demos gratuitamente. Si los católicos comprendiéramos que el domingo es el día del Señor, ¡cuánto cambiaría nuestra vida! Muchas veces, sin darnos cuenta, hemos ido transformando el domingo simplemente en un día de descanso para nosotros, y es verdad, tenemos que descansar. Es necesario descansar, pero descansar en el Señor, descansar de otra manera, descansar con nuestras familias, con nuestros seres queridos, y descansar también dándole un tiempo a él. Él necesita que nosotros necesitemos de él. Él tiene sed que tengamos sed de él. Él tiene sed que tengamos sed de alimentarnos finalmente de él mismo, que es nuestro Salvador. Por eso, ya nos dijo tantas veces, que él es el Pan de Vida y que, si comemos de él, tendremos Vida eterna, viviremos de una manera distinta en esta tierra para alcanzar un día la plena eternidad cuando estemos con él cara a cara. Por eso, no nos olvidemos que este es el día del Señor y que él se merece algo de nuestro tiempo. Escuchá este audio de otra manera, escuchá este audio en otro lugar, date un tiempo, tomá tu Biblia, lee este texto que acabamos de escuchar, reléelo porque tiene tanta riqueza como todos los textos de la Palabra de Dios.

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https://youtu.be/m6I_ECnMghI?si=B5TMjj1jqO9xDeoO

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Comentario a Lucas 2, 41-51:

No podía ser de otra manera. Al día siguiente en el que celebramos al Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia como Madre y maestra, pedagoga de nuestra fe nos regala esta memoria, pegadita al Corazón de Jesus. Este día tan lindo en donde contemplamos el Corazón Inmaculado de María, de su Madre, de nuestra madre, de tu Madre y la mía, esa Madre maravillosa que tenemos en el cielo, en todo momento. Ese corazón que no solo aceptó la voluntad de Dios diciéndole que sí al ángel, para comenzar el maravilloso camino de la salvación que ha llegado hasta nosotros en este día, sino que también María desde su corazón podríamos también pensar, imaginar y maravillarnos que le dio su sangre al mismísimo Corazón de Cristo, al cuerpo humano de Cristo, llevándolo en su vientre. María no solo lo amó desde el instante de su concepción, cuando dijo que sí ese día al ángel, sino que le dio su propia sangre, su propia carne, para alimentarlo y hacer del corazón de Jesús el corazón más grande y más amoroso que haya pisado la tierra. Por eso, el Corazón Inmaculado de María también tiene que estar, de algun modo, presente siempre en nuestras vidas. Ese corazón que no solo alimentó a Jesús en el vientre, sino que también lo supo amar desde que lo tuvo ese primer día en brazos, cuando tuvo que dar a luz en un lugar pobre y sencillo, también cuando decidió emigrar junto con san José, su castísimo esposo y escaparse del peligro de Herodes yéndose a Egipto; amamantándolo, abrazándolo, besándolo y cuidando a ese niño que era el Salvador.
Toda la vida de María fue un simple y maravilloso acto de amor para cuidar el corazón de ese Jesús, de ese niño y que ese corazón termine entregándose por nosotros en la cruz. Como decíamos ayer: «Abriéndose de par en par para que su sangre y el agua, que derramó de su corazón, sean para nosotros los signos de los sacramentos que nos dan vida: el Bautismo y la Eucaristía». Ese corazón de María que no solo estuvo con Jesús en los momentos donde él disfrutaba y ella también, junto a san José, sino que también y mucho mas todavía, estuvo siempre atravesado por el dolor. Y por eso María recibió esa profecía en la que se le anticipaba que su corazón también sería atravesado. «Una espada atravesará tu corazón», le dijo el profeta Simeón a la Madre de Jesús y así fue. Durante toda su vida, María también aprendió a sufrir junto a su Hijo, al Hijo que también sufriría por nosotros para darnos vida. Y al pie de la cruz, María se mantuvo con su corazón inmaculado alerta, amoroso, dejando que Jesús la mire, para mostrarle que aunque él se iba ella quería ser madre de todos los hermanos de Jesús, de vos y de mí también.

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https://youtu.be/ckf7vNvH1Gs?si=FKrU5ZcNJ8TRaD_j

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Comentario a Mateo 11, 25-30:

Hace bien cada tanto frenar y respirar un poco en el camino de la vida, porque no todo es espina y dificultad. Es verdad, a veces rezamos en una oración que… “Estamos en un valle de lágrimas”. Y sí, esta vida no es fácil, pero también tenemos que encontrarle la belleza y sabor al regalo que el Señor nos dio, a nuestros seres queridos, a toda la creación, al ser cristianos, a vivir la fe. Por eso, es lindo hoy frenarse y disfrutar, de alguna manera, y contemplar, en esta gran Solemnidad, el Corazón inmenso, infinito, gigante de un Dios que lo único que desea y hace es amarnos, y lo único que desea de nosotros es que correspondamos a ese amor tan incondicional que él nos tiene.
Pero, por eso, también, hay que reconocer que hay mucha gente que no la pasa tan bien. Hay mucha gente que sufre, y escuchar estas palabras del evangelio de hoy nos llena de consuelo y de paz. Te propongo que hoy busques una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, tan conocida por nosotros. Buscala en tu casa, buscala y mirala. Seguramente tenés una y si no tenés en tu casa, buscala por internet, en tu celular. Hay miles y miles, una más linda que la otra. Y si no tenés en tu casa, también es un buen día para que te propongas entronizar una imagen del Sagrado Corazón. Buscá una imagen linda de esta devoción, que por supuesto brota del evangelio porque fue en la cruz de donde el corazón de Jesús se abrió de par en par por nosotros, pero que se extendió, especialmente, a partir del siglo XVII por la aparición que vivió Santa Margarita María de Alacoque. Una vez que tengas la imagen, te aconsejo que la contemples, contemples la mirada de Jesús y mirá fijo su corazón. Hace el esfuerzo por mantener la mirada en el corazón de Jesús que contiene todos los bienes que necesitamos en esta vida. Si podés hacer esto en adoración, frente al santísimo o en un sagrario, mucho mejor todavía, porque ese corazón abierto, de par en par, para amar y recibir amor, está hoy especialmente en la Eucaristía. Está en cada sagrario esperándonos para que nos acerquemos a él, para que vayamos a descansar de nuestros agobios, de nuestras cargas, de nuestras tristezas y aflicciones, sufrimientos y dolores.

Muchas veces se nos ha acusado a los cristianos – y a veces con un poco de razón – de haber hecho demasiado hincapié en nuestra fe en cuestiones que no se reflejan directamente en el evangelio o que la hemos trasmitido mal, porque las hemos comprendido mal. Puede ser. Es verdad. Se nos ha acusado y se nos acusa de predicar a veces una fe basada especialmente o haciendo hincapié solo en el sufrimiento, en el sacrificio, en la entrega y la pura obligación. En realidad, hoy te diría que estamos para el otro lado. Se habla del amor sin la entrega, sin sacrificio, sin cumplir los mandamientos de Dios. Y eso tampoco termina siendo toda la verdad. Se nos acusa incluso de ser contrarios a la vida misma que es bella y linda, impidiendo que disfrutemos de los placeres legítimos que nos regala, hablando de penitencia y tantas cosas más. Se nos acusa de hablar demasiado del pecado y no tanto del amor de Dios, pero, como te dije, eso es más pasado que presente. Y es verdad, puede haber cosas de verdad, pero también, hay que decir, que es verdad que muchas de las críticas que nos hacen no son, en el fondo, más que caricaturas de nuestra fe, no son la verdadera fe que brota de la palabra de Dios y que la Iglesia en realidad quiere transmitir. Son malas interpretaciones o malas transmisiones.

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https://youtu.be/VEgt7uO78lo?si=mf2MHu63Nz2oxeXa

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Comentario a Mateo 10, 7-13:

Aun cuando San Bernabé no fue uno de los doce elegidos, directamente por Jesús, fijate que es considerado Apóstol por la Iglesia, por los primeros padres de la Iglesia, incluso por San Lucas y los Hechos de los Apóstoles, a causa de la misión especial que le confió el Espíritu Santo y de su gran tarea apostólica junto a San Pablo. Y por eso, aunque hoy no es una fiesta del grado de un apóstol, se celebra este santo, de una manera especial, por considerarlo fundamental en los comienzos de la Iglesia. Él fue luz y sal para nuestra Iglesia.
La palabra “apóstol” recordá que significa enviado, por lo tanto, sirve también, siempre para nosotros, para vos y para mí. Podemos decir, de modos distintos, que todos somos enviados por Jesús. Todos los cristianos somos, de un modo u otro, según su condición, según su carisma, apóstoles de Jesús, para ayudar a que otros también se sientan amados y llamados. Llamados a ser luz y sal, a vivir las Bienaventuranzas.
Por eso, cuando escuchemos la palabra “apóstoles”, no solo tenemos que pensar en los “grandes”, en esos “grandes” elegidos por Jesús, sino que es para todos. No lo olvides. Para los más desconocidos, para, como decía alguna vez el Papa Francisco: “Los santos de la puerta de al lado”, los comunes, los de todos los días, los que están a tu lado y por ahí ni te das cuenta. Los enviados desconocidos, como vos y yo, los “apóstoles” que se fraguan en la vida cotidiana, sin “propaganda”, sin que nadie los aplauda, sin que nadie les ponga muchos “likes”, sin tener tantos seguidores. Son los enviados que se caen todos los días por sus debilidades, pero que quieren seguir, que se dan cuenta que hay otro camino mejor que este que nos plantea el mundo, el de Jesús. Y aunque el “maligno” nos llene de propuestas, aparentemente, lindas y atractivas, esas que todos quieren elegir, seguimos intentando ser fieles en medio de los “lobos”. Por eso, cuando escuchemos la palabra apóstoles no miremos para otro lado, no miremos al pasado, mejor aprendamos del pasado y de los apóstoles en serio, de los santos, para reconocer y darnos cuenta, que Jesús quiere hacernos formar parte de esa misma historia, llamándonos a trabajar por él y con él, en el mejor trabajo que podamos imaginar en este mundo: el de ser seguidores y servidores de Jesús. El trabajo que da la mayor y mejor remuneración, la Vida Eterna que empieza aquí en la tierra y continuará junto a él y todos los santos en el Cielo.

Pero vayamos a Algo del evangelio de hoy en donde, de alguna manera, Jesús nos da entre comillas, las “instrucciones” para ser un verdadero apóstol, como él quiere. Sería imposible analizar en detalle, todo lo que Jesús nos pide o nos recomienda, a lo que nos envía, pero sí podemos tomar algo o por lo menos rezar con lo esencial. Todos los apóstoles experimentaron de alguna manera, esto que Jesús les pidió, cada uno a su modo, pero tarde o temprano, pudieron vivirlo a lo largo de sus vidas. Hay una frase que parece ser como el sustento de todo, el cimiento de la palabra de hoy, lo que sostiene toda la misión y el modo de ser apóstol. ¿Se te ocurre cuál?

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https://youtu.be/PpRYXV1j-pg?si=dH3kIMOTqn6fNSF5

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Por eso Jesús, el Hijo por excelencia, que no buscó otra cosa que la Gloria del Padre, él mismo nos enseña el camino de la felicidad interior, de la felicidad verdadera y duradera. Vivir de la recompensa secreta del Padre. Acordate, es secreta. No pienses en grandes manifestaciones, en cosas maravillosas. Vivir de la recompensa secreta del Padre. ¿Cuál es esa recompensa? Finalmente, su amor. La satisfacción de saberse amado siempre, de estar siempre en sus manos, pase lo que pase, digan lo que digan, piensen lo que piensen los demás, y la satisfacción de vivir intentando agradarlo a él, pero, acordate, no como un puritanismo, un moralismo, sino agradarlo porque, en el fondo, él siempre está feliz con nosotros, aunque por supuesto siempre desea que mejoremos y cambiemos. A él y a nadie más. Solamente a tu Padre que está en los cielos. Tu Padre, acordate, que ve en lo secreto te recompensará. Esta recompensa del Padre es su amor infinito e incondicional ¿Te parece poco? Y además es un amor para siempre. Qué bueno que cuando estemos tristes miremos de alguna manera al cielo, a nuestro corazón y digamos: “Padre, vos ves en lo secreto, vos sabes lo que me pasa. Vos sabes porqué hice lo que hice, aunque nadie se haya dado cuenta. Vos sos el único que sabés porqué hice esto”.
Probemos. Probemos hoy vivir de cara al Padre en este sentido, o sea, hacer toda para él y por él. Probá vivir haciendo todo sabiendo que tu Padre que ve en lo secreto te recompensa y te recompensará y no buscando ese aplauso, esa recompensa de los demás, que finalmente es pobre y pasajera y, además, puede ser muy cambiante. Hoy nos pueden alabar y mañana nos pueden criticar, hoy nos pueden alabar por una cosa y criticar por la otra, o por la misma, una cosa y la otra. Por eso, hoy vivamos de cara al Padre que ve en lo secreto y siempre nos recompensará.

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p. Rodrigo Aguilar

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Miércoles 17 de junio - Mateo 6, 1-6. 16-18 - XI Miércoles durante el año

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 6, 1-6. 16-18


Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que, con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Palabra del Señor.

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Todos fuimos aprendiendo a amar, realmente, como pudimos: según lo que vivimos, según lo que nos enseñaron, según lo que vimos. Muchas formas las copiamos, las adquirimos sin darnos cuenta. Otras las fuimos construyendo nosotros mismos por decisiones propias. En definitiva, no somos perfectos ni mucho menos. No amamos perfectamente, como quiere el Padre, porque no nos amaron perfectamente. Ni tu familia ni la mía es perfecta. Sin embargo, a pesar de todo esto, estamos hechos para amar, y para amar como ama Dio. Y es lo único que nos dará la verdadera felicidad. Hoy Jesús nos propone el desafío más grande que podamos imaginar, el pico más alto que podamos subir en la vida espiritual, un desafío no apto para cardíacos, para aquellos que tienen vértigo: “Sean perfectos como el Padre que está en el cielo es perfecto” o, como dice otra traducción, “Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso” Increíble la propuesta, increíble invitación de Jesús.
Antes que nada, debemos evitar confundir la palabra perfección con un perfeccionismo moral, o como pretensión de no equivocarse nunca, de no caerse, como un perfeccionismo humano, un moralismo. No, Jesús se refiere a otra cosa más profunda. Tenemos que ir más allá de la justicia de los escribas y fariseos, que incluye el deseo de no equivocarse, por supuesto. En el fondo nos está diciendo (dicho de otro modo): Amen como ama mi Padre, amen como los ama mi Padre, amen a buenos y malos. Tengan misericordia. No discriminen el amor diciendo quién es digno de ser amado. Un hijo de Dios quiere amar como su Dios, como su Padre. Seguimos con el tema de ser hijos. Porque si somos hijos ¿cómo vamos a odiar a alguien? Si somos hijos de un mismo Padre que ama a todos ¿cómo es posible que le niegues el saludo a alguien? El odio, el rencor, el enojo, el negar un saludo, el devolver con el mal al mismo mal, son reacciones de los que todavía son inmaduros, no se sienten hijos de un mismo Padre, del que todavía no cree verdaderamente, no tiene la fe suficiente, para creer que Dios todo lo puede.
Jesús nos mandó estas cosas no solo por los enemigos en sí mismos, por aquellos que no nos aman o nos hicieron algún mal, sino también por amor a nosotros mismos. No solo porque todos son dignos de ser amados, incluso los enemigos, como vos y yo, que también a veces nos hemos comportado como enemigos que, a pesar de nuestros errores también nos merecemos el amor, sino porque nosotros tampoco somos dignos de odiar a nadie. Nos hace mal.
Ahí está la enseñanza profunda de hoy. El odio daña al que lo tiene. Te daña a vos mismo. Por eso al perdonar a un enemigo te perdonás también a vos mismo. Te librás de un peso muy grande. Nos podemos preguntar: ¿Quiénes son tus enemigos? No solo los que alguna vez nos hicieron un mal, sino también aquellos que nos cuesta amar por diferentes razones, aquellos que no nos caen bien, aquellos que nuestro corazón rechaza por “una cuestión de piel” como decimos. ¿Qué nos pide Jesús: que seamos amigos, que andemos a los abrazos? No, que por lo menos no le neguemos el saludo, que recemos por ellos, que no lo critiquemos, que no le hagamos mal, que no lo juzguemos, que no les paguemos con la misma moneda.
No nos olvidemos que el mandato de Jesús es también por nosotros mismos. Acordémonos que no somos dignos de odiar a nadie. Nuestro corazón está hecho para cosas más grandes. Somos hijos de un mismo Padre que ama a todos y está deseando siempre que sus hijos no se desprecien entre sí. Lo mismo que vos pretendés con tus hijos. Probá hoy saludar al que no te saluda, al que te lo negó alguna vez, probá rezar por el que no te quiere y te critica. Probá mirar de otra manera a aquel que no te cae tan bien. Vas a ver que no nos vamos a arrepentir. Vas a ver que no te vas a arrepentir.

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Martes 16 de junio - Mateo 5, 43-48 - XI Martes durante el año

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 43-48

Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor.

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Algo del Evangelio

Como tantos hombres, a lo largo de la historia, que escucharon estas palabras de Algo del evangelio de hoy, seguramente te sorprenderás, te asustarás o bien te enojarás porque te parece una locura semejante pedido de Jesús. O te parece, incluso, injusto e ilógico pedir algo así. Pero vuelvo a decirte lo que te dije muchas veces: para comprender hay que creer, para aceptar hay que amar las palabras de Jesús, para comprender y aceptar hay que salir de uno mismo, hay que esforzarse un poco para no creérsela que uno se las sabe todas, para no considerar que nosotros tenemos la verdad. Se necesita humildad y para ser humilde hay que salir del yo, hay que vencer ese gigante interior, que es el ego.
“Yo les digo” … Yo les digo nos dice Jesús. Yo les digo que el mal no se soluciona con otro mal. Hacé el intento de grabártelo en la cabeza y en el corazón. Que el fuego no se apaga con alcohol, que lo mojado no se seca con agua. Yo les digo que el mal solo puede ser vencido con el bien. Yo les digo que la mejor arma para destruir y afrontar el mal, en nuestra vida y en la de los demás, es el amor y la verdad. ¿Y cuál es la verdad? La verdad es que el amor es el remedio al dolor, el remedio al odio, es la respuesta a la mentira. Es la solución a la ira, a la violencia, a la insensatez, a la corrupción y doblez de corazón, al engaño, a la tristeza, a la hipocresía y así podríamos seguir nombrando todos los males de este mundo que anidan en nuestro corazón.
Presentar la otra mejilla, dar el manto, acompañar más de la cuenta, no es ser estúpidos, no es dejarse aplastar por el mal. Al contrario, es ser inteligentes y triunfar de otra manera. Es responder con el bien. No es ser tontos y dejar que el mal triunfe dejándome pegar, dejando que la injusticia gane la pulseada. ¡No! Eso no es cristiano, no es de hijos de Dios. Poner la otra mejilla, es responder con un bien y que eso incluso nos exponga a recibir otro mal, para volver a responder con un bien, hasta el final. El que ama se expone. El que ama se expone a sufrir por amor, no por masoquismo. ¿Qué es lo que pretendemos hacer cuando respondemos a un mal con otro mal? Esa es la pregunta. Ganar. Triunfar. Queremos hacer justicia por mano propia y lo hacemos a nuestra manera, creyendo que de ese modo lo solucionaremos. Pero tenemos que entender que no hay otra manera de vencer el mal que con el bien. No existe otro camino posible por más que nos empeñemos en buscar otros caminos.
Probá, probemos hoy vivir estas palabras llenas de sabiduría, en lo sencillo de nuestra vida. Respondamos con una sonrisa alegre al saludo amargo del lunes por la mañana, ese saludo de tu compañero o jefe del trabajo. Respondé dejando el asiento a otro, aunque a vos te lo hayan negado. Respondé dando más de lo que te pidieron y es estrictamente necesario, aunque no parezca necesario. Respondé llamando al que te quiere y vos estás esperando que te llame primero por la dureza de tu corazón. Hay miles de formas de probar. Hay cientos de oportunidades en este día para vivir la verdad del evangelio de Jesús. Probemos, vas a ver que no nos vamos a arrepentir, vamos a salir ganando, en el fondo, lo que siempre queremos.

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p. Rodrigo Aguilar

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Lunes 15 de junio - Mateo 5, 38-42 - XI Lunes durante el año

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 38-42


Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.
Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Palabra del Señor.

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Algo del Evangelio

Y Algo del Evangelio de hoy tiene bastantes partes, podríamos decir, bastantes cosas para tocar y desmenuzar, es como una síntesis de muchas acciones que Jesús hizo y que quiere que nosotros también hagamos. Por eso, vamos a detenernos un poco hoy en la cantidad de verbos que existe en este texto que nos marcan, de alguna manera, lo que Jesús hizo y sigue haciendo. Vuelvo a repetir: lo que hizo y sigue haciendo. «La palabra de Dios es viva y eficaz». En este momento Jesús está recorriendo todas las ciudades y todos los pueblos. Así empieza el texto. Jesús sigue recorriendo tantos lugares dispersos por el mundo, donde hay tantas personas que necesitan de su amor, de su palabra. Jesús recorría, «Jesús enseñaba, dice, en las sinagogas de ellos». Jesús sigue enseñando especialmente en nuestros templos, en las iglesias, a través de aquellos que él eligió para transmitir su palabra. Jesús sigue enseñando en aquellos que leen la Palabra de Dios en silencio y aprenden de lo que él dijo. Jesús nos sigue enseñando de tantas maneras distintas. En este momento está enseñándonos. ¿Y qué enseña? La Buena Noticia del Reino, «proclamando la Buena Noticia». Jesús proclama hoy en día también a través de su Iglesia que existe una Buena Noticia, que él vino a salvarnos y que el Reino está entre nosotros. Y ese anuncio, esa proclamación, por supuesto, redunda en sanación. Jesús sanaba todas las enfermedades y dolencias. Jesús sanaba a aquellos que se acercaban con fe y sigue sanando a los que se acercan con fe. Por eso, no nos sorprendamos si hoy el Señor realiza alguna sanación, en tu corazón y en el mío, de alguna manera, con alguna palabra, con algún gesto, con alguna acción de alguien. Jesús nos quiere sanar de tantas enfermedades y dolencias de nuestras vidas.
«Jesús sigue viendo a la multitud y tiene compasión», dice el texto. Vio y tuvo compasión, porque nos ve fatigados y abatidos, cansados. A veces andamos en esta vida «como ovejas que no tienen pastor». Dando vueltas en círculos sin saber a donde ir, sí, por ahí con todo, pero en el fondo con nada. Por eso, hoy también levantemos la cabeza y veamos a los demás, a tantas personas que tienen necesidad de compasión y que nadie los ve, porque solo Jesús los ve.
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder, los envió también. Tres acciones que muestran la maravilla de un Dios que eligió a doce hombres comunes y corrientes como nosotros, también enfermos, con dolencias, con tristezas, con debilidades para darles el poder.
            ¿Te imaginás lo que debe haber sido ese momento en el que Jesús les dio el poder verdaderamente y los envío para que ellos hagan lo mismo? ¡Qué maravilla que deben haber sentido los discípulos al darse cuenta que podían realizar acciones maravillosas que no venían de ellos mismos! De la misma manera, hoy el Señor en la Iglesia nos convoca, nos reúne, porque solo él puede unirnos, nos da el poder y nos envía para que hagamos lo mismo, para que sanemos, para que busquemos a los que están perdidos, para que resucitemos a los muertos, para que purifiquemos a los leprosos, para que ayudemos a expulsar a los demonios.
            Por eso, alegrémonos hoy de que él Señor nos da gratuitamente tanto amor, tanto poder para sanar, y por eso tenemos que dar gratuitamente como hemos recibido.
Que tengamos un buen domingo y que la bendición de Dios, que es Padre misericordioso, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nuestros corazones y permanezca para siempre.

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p. Rodrigo Aguilar

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Algo del Evangelio

Domingo 14 de junio - Mateo 9 - 36-10,8 - XI Domingo durante el año (A)
 
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 36-10,8

 
            Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
            «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha».
            Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia.
             Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.
            A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones:
            «No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente».
 
Palabra del Señor.
 

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Algo del Evangelio

Por eso, en Algo del Evangelio de hoy podemos pedirle al Inmaculado Corazón que nos ayude a aferrarnos a ese Corazón bendito y amado, a ese corazón que no solo aprendió a sufrir junto a su hijo, sino que también nunca cometió un pecado, por eso es inmaculado. Jamás decidió hacer algo en contra de la Voluntad del Padre y por eso es la Purisimo, tambien la llamamos, por eso es un corazón que se abre de par en par hacia nosotros, sus hijos; y ella, como Madre, nos arropa, nos abraza, nos ama continuamente. Y nos da la sangre de Cristo también –que corre por nuestras venas–, la sangre de la gracia del Espíritu Santo, porque ella también es esposa del Espíritu Santo, y busca que continuamente nosotros nos abramos al amor de Dios.
María, que tu corazón inmaculado hoy, junto al de Jesús, nos abrace una vez más y nos haga sentirnos hijos y amados, nos haga sentirnos hermanos de todos, y que podamos vivir como vos también viviste. María, que tu Corazón Inmaculado nos llene hoy de gozo y nos colme de paz.

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P. Rodrigo Aguilar

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Algo del Evangelio

Sábado 13 de junio - Lucas 2, 41-51 – Memoria del Inmaculado Corazón de María

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 41-51


Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.
Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?». Ellos no entendieron lo que les decía.
Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

Palabra del Señor.

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Algo del Evangelio

Hay que ser sinceros y asumir errores y pecados de nuestro pasado, de nuestra historia, pero no por eso hay que tirar todo “por la borda”. Hay que reconocer también que Jesús lo dice claramente y sin metáforas, especialmente en Algo del evangelio de hoy. Por eso me gusta repetirlo: «Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio». La vida, es verdad, tiene mucho de aflicción y agobio. La vida es, de alguna manera, también cargar con un “yugo”. El yugo, acordate, es esos que llevan los bueyes para poder arar, para poder tirar el arado. Eso que molesta pero que, al mismo tiempo, se transforma en bendición porque es lo que nos permite tirar del arado. Es lo que nos permite cargar el amor. Por más que este mundo, de alguna manera, que le gusta el marketing y amante de las masas, nos quiera hacer creer que “todo está bien”, que “tenés que hacer solamente lo que te hace feliz”, así nomás, y tantas cosas más. Por más que nos quieran vender esa felicidad barata, la realidad es que ser feliz cuesta mucho y amar también. Si nos tomamos en serio la vida, como se la tomó Jesús, amar cuesta tanto que a veces cuesta hasta la vida misma. Por eso es lindo saber que Jesús nos invita a ir a él. Ir a su corazón que sabe verdaderamente de amor y sufrimiento, que en realidad sabe sufrir por amor. No es que le gusta sufrir. Sabe de agobios y de cansancio. Sabe también de recibir nuestros cansancios y nuestras tristezas, nuestros malos humores y sufrimientos y también nuestras alegrías y lindos sueños y proyectos.
Si hoy es uno de esos días en el que te sentís agobiada, cansado, harto, con ganas de tirar todo “por la borda”, ganas de bajar los brazos, ganas de no luchar más, ganas de sumarte a lo que “hacen todos”, ganas de estar solo y que nadie te moleste… Si es uno de esos días, volvé a escuchar las palabras de Algo del evangelio de hoy: «…aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio». La paciencia y humildad del corazón de Jesús son el remedio a todos nuestros agobios y cansancios. La paciencia que tenemos que aprender del corazón de Jesús es lo que nos ayuda a llevar con mansedumbre los sufrimientos de nuestra vida. La mansedumbre y humildad de Dios hecho hombre nos enseñarán que lo único que nos dará alivio en esta vida es vivir en paciencia y humildad, entregando todo lo que creemos que depende de nosotros, pero que, en realidad, depende mucho más del Señor.
Si podés, te vuelvo a decir, mirá hoy una imagen, andá a un sagrario, andá a una adoración y abrazando a Jesús con tu corazón, decile… “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”. Después, seguramente, me contarás si encontraste el alivio de tu corazón.

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P. Rodrigo Aguilar

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Algo del Evangelio

Viernes 12 - Mateo 11, 25-30 - Solemnidad del Sagrado Corazón (A)

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 11, 25-30


Jesús dijo:
«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.»

Palabra del Señor.

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Algo del Evangelio

Pensala, a ver, antes de que yo la diga. ¡Pensala! ¿Te imaginás cuál es?... Bueno, yo creo que es esta: “Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente". La clave del enviado, del apóstol, del cristiano, es reconocer la gratuidad del amor de Jesús. Nadie es cristiano, únicamente, por decisión propia, sino que lo es, fundamentalmente, porque fue elegido, tomado, “apartado” del mundo para una misión especial. Apartado no porque nos vayamos a otro lado, sino, porque interiormente, tenemos una parte del corazón o todo el corazón dedicado a la misión.
Somos cristianos maduros, por decirlo así, obviamente, cuando hacemos propia y consciente esta decisión gratuita, sin mérito alguno. Pero, para poder elegir, previamente fuimos elegidos, por pura iniciativa de Dios Padre, por medio de su Hijo, en el Espíritu Santo. Por eso, cuando creas que las cosas dependen de vos, cuando te creas cristiano “por mérito propio”, porque los demás te aplauden o seas muy bueno, dejás de serlo (de “modo figurado” lo estoy diciendo) en el momento de pensar así o de actuar como si no fueras elegido. La elección es gratuita, no hay grises, no fue por acciones previas nuestras, no fue por nuestras obras, sino que fue por puro amor, sin que nos hayan preguntado mucho, al contrario, su elección nos sacó de un camino distinto. Y esto no nos hace esclavos, sino todo lo contrario, nos hace libres. Nos hace aptos para elegir bien y mejor, para elegir siempre el amor, siempre la gratuidad, siempre la entrega, siempre la santidad.
Solo el que descubre la gratuidad, puede vivir dando gratuitamente. Solo el que se siente amado, elegido y enviado, no se pone en el centro de la evangelización y puede obrar como Jesús nos pide obrar y hacer lo que él haría en nuestro lugar. Solo el que descubre que debe dar gratuitamente, se da cuenta que, para llevar el amor de Jesús, en el fondo, no necesita llevar nada, no le hace falta nada, porque ya tiene todo: a Jesús en su corazón. Por eso, Jesús nos recomienda no llevar nada o llevar solo lo indispensable, porque no hace falta. Cuantas más cosas necesitamos para hablar del amor y para dar amor, en el fondo, es porque no descubrimos lo que es el amor. En este mundo donde todo parece ser negociable, donde todo se compra y se vende, parece ser imposible amar sin dar algo, parece imposible dar amor sin algo material. Sin embargo, Jesús nos insiste una y mil veces, no lleven esto y lo otro, no se preocupen. No se preocupen.
Cuánto nos falta esto Señor, para comprender mejor tu mensaje. Cuánto nos hace falta en la Iglesia, hoy, darnos cuenta de que no hace falta demasiada “alharaca” para hablar de vos. O, a veces, lo comprendemos y rápidamente lo olvidamos. Nos adueñamos de lo que nos diste gratuitamente porque nos gusta que nos miren. Pasa en la Iglesia, pasa en nuestras comunidades, pasa en nuestros corazones. Nos pasa siempre, es el gran peligro… haber recibido gratuitamente, pero intentar dar pretendiendo recibir algo a cambio, buscar nuestra propia gloria. Te acordás lo del evangelio: que vean tus obras, para que los demás den Gloria al Padre. No pienses, necesariamente, en dinero. Eso sería nuestra peor corrupción, incluso pasa, sino que me refiero a cuando reclamamos al dar y lo hacemos de mil maneras diferentes.
Reclamamos amor dando amor, reclamamos atención dando atención, reclamamos tiempo cuando damos tiempo, reclamamos que nos miren, cuando evangelizamos. Por eso, volvamos a escuchar estas lindas palabras y terminemos así nuestra reflexión de hoy… “Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente". San Bernabé ¡ruega por nosotros!

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p. Rodrigo Aguilar

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Algo del Evangelio

Jueves 11 de junio - Mateo 10, 7-13 - Memoria San Bernabé Apóstol

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según Mateo 10, 7-13

Jesús dijo a sus apóstoles:
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente."
No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.
Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

Palabra del Señor

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Algo del Evangelio

Hoy, en Algo del evangelio, Jesús nos quiere ayudar como intentó hacerlo en ese tiempo a los que lo escuchaban, que no siempre hay que oponer para encontrar la solución, sino que muchas veces es necesario integrar. ¿Cuánto hay de oposición en este mundo, incluso en la Iglesia? Todo parece ser de un color o del otro, de un pensamiento o del otro. Al enseñar algo nuevo y, en este caso, la nueva ley, la ley de la gracia, nuestra mente y nuestro corazón automáticamente intentan desechar lo antiguo, la antigua ley, como queriendo encontrar una solución a la imposibilidad de poder vivirla. Sin embargo, Jesús es claro: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir. No piensen que por decir algo nuevo, o decirlo de otro modo, quiero desechar lo anterior, como si fuera que no sirve, sino por el contrario, quiero ayudarlos a comprenderla, para que puedan vivirla”. Todos corremos ese riesgo, la Iglesia también lo corre y lo corrió muchas veces, “tirar lo viejo para traer algo nuevo”, por el solo hecho de que lo nuevo parece mejor. Sin embargo, el esfuerzo debe ponerse en cómo vivir lo viejo con corazón nuevo y cómo desechar cosas viejas si realmente hay que desecharlas, con una mirada distinta, no de superación.
Jesús, de alguna manera, en este pasaje explica qué relación hay entre este nuevo modo de vivir de los hijos de Dios y el modo de vivir anterior, bajo la ley del antiguo testamento. ¿Cómo es? ¿Este nuevo modo anula el anterior? ¿Este nuevo modo excluye lo antiguo? ¡No! Al contrario, lo incluye. Este nuevo modo llevará a la plenitud el anterior si aprende a asumir lo antiguo. Jesús no puede borrar con el codo lo que Padre escribió con su mano, la ley. Él vino a cumplir los mandamientos, a vivirlos, a enseñarnos su corazón escondido bajo la letra fría de la ley. Pero, además, algo mucho más grande, vino a hacernos capaces de cumplirlos, de vivirlos. Vino a darnos la fuerza y la gracia para cumplirlos. Esa es la novedad. Vino a enseñarnos a cumplir los mandamientos, pero no solo por el hecho de cumplirlos, sino a vivirlos como hijos del Padre, con corazón de hijos. Cumplirlos por amor, con amor y desde el amor. Eso nos hará grandes y libres. Eso nos hace grandes, justamente lo pequeño e imperceptible, como la sal. ¿Qué nos hace grandes? El ser hijos, aunque nadie lo sepa, y el enseñar a ser hijos a los demás. Él invierte todo. Da vuelta todo para que aprendamos a ser hijos en lo sencillo y desconocido por los demás.

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p. Rodrigo Aguilar

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